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Pasteleros de Calidad desde 1885
Prodotti Panarello
La historia de la marca Panarello tuvo inicio en Génova, a finales del siglo XIX cuando Francesco Panarello, que trabajaba como jefe de pastelería en un horno en Via Porta d’Archi, gracias a su gran iniciativa y espíritu emprendedor, empezó a enriquecer las masas, añadiendo una mayor cantidad de mantequilla y azúcar, haciéndolas así más completas y sabrosas.

La clientela empezará a apreciar inmediatamente los productos realizados con las nuevas recetas ‘reforzadas’ y el horno irá convirtiéndose poco a poco en pastelería.

En 1885, con solo 17 años, el joven Francesco adquiere el horno, dando así inicio, inconscientemente, a una dulce historia que dura ya más de un siglo.

Una historia llena de pasión, tradición pero también de búsqueda de innovación y desarrollo.

Así es, Panarello fue el primero en Génova que adquirió un horno eléctrico y esto le permitió abrir una nueva tienda en Piazza della Nunziata en 1923 y después abrir una planta de producción en Salita Santa Maria della Sanità en 1930, en la que se creó un departamento de elaboración de fruta confitada (producción de fruta confitada) para garantizar la máxima calidad de todas las materias primas utilizadas en la preparación de los dulces.

Con el paso de los años, y gracias al creciente éxito que sus productos cosechaban entre los consumidores, Panarello decide pasar las fronteras regionales y expandirse en el territorio abriendo nuevas pastelerías.

En 1930 abrirá la primera pastelería Panarello en Milán y en 1940, a pesar de las dificultades provocadas por la guerra, se abrirán otras 2 nuevas tiendas (el segundo punto de venta en Milán y la tercera pastelería en Génova); en 1950, después de haber hecho frente a los daños sufridos por los bombardeos, abrirá la cuarta pastelería en Génova.

Pero la expansión mayor de la empresa se produjo entre los años 60 y 70 con la entrada en la distribución organizada y la consiguiente ampliación de la producción a nivel industrial.

A partir de 1979, la marca Panarello empezará a difundirse fuera de las fronteras regionales, en primer lugar, como sinónimo de los “Biscotti del Lagaccio” (Galletas del Lagaccio) y del “Pandolce” (Pan dulce), los productos pasteleros más característicos de la historia local.

Mientras tanto, la expansión del Grupo continuará: en 1999, se inaugurará en Génova la tienda de Via Caprera, con una buena posición estratégica pues linda con los elegantes barrios residenciales de Albaro y Sturla, y en mayo de 2001 abrirá el punto de venta de Chiavari, colmando así un vacío que desde siempre habían denunciado los habitantes de la Ribera y los numerosos turistas.

Panarello volvió a sus raíces cuando en octubre de 2002 decidió abrir en Corso Carbonara. De este modo entraba en el corazón de la parte alta de la ciudad, en la zona de Castelletto, que desde el siglo XIX era la residencia tradicional de las antiguas familias de Génova, donde gran parte de la familia Panarello sigue viviendo y donde se encuentra también el histórico laboratorio de productos frescos, destinados a las Pastelerías.

La grave crisis financiera de 2007 llevó a Panarello a comprender que se trataba de un momento difícil, por lo que la familia decidió invertir en un modelo empresarial más moderno en el que confluyeran desde el exterior competencias específicas con una visión más amplia y dinámica del mercado. El objetivo era consolidar la posición empresarial y crear los presupuestos para un crecimiento sostenible.
A lo largo de los siguientes años, partiendo de los cimientos de una tradición pastelera sólida, se pondrán en marcha estrategias innovadoras que dictarán las reglas de una moderna estructura empresarial en la que conviven los valores de la familia. El proceso era muy complejo, requería coraje, capacidad de visión y un considerable esfuerzo económico y financiero.

En 2009 se llevó a cabo una simplificación del modelo empresarial, que favorecía la racionalización de los costes y optimizaba la operatividad. El punto central de esta operación era la agrupación de la actividad en un único lugar: la producción artesanal con las correspondientes instalaciones se trasladó al edificio de Via Carso, en la parte alta de Génova.
Así, la estructura se renueva y potencia con el fin de crear un fuerte sistema de producción centralizado, en el que hacer confluir la actividad artesanal y la industrial y las oficinas.

Para hacer más eficiente la organización y agilizar los procedimientos de gestión se centralizan las funciones y se introducen del exterior competencias que puede desarrollar la profesionalidad de la plantilla.

Se instaura la formación continua del personal y se supervisa la red de venta. La informatización de los procesos agiliza las operaciones y la capacidad de control y previsión.

La filosofía productiva, basada en la calidad de las materias primas y en los métodos de elaboración artesanal, persigue un doble objetivo: consolidar la presencia en el mercado de los productos históricos e incentivar la investigación y el desarrollo de nuevas líneas en relación con las tendencias actuales del consumo. La tradición es el punto de partida para valorizar los dulces clásicos, de donde se desencadena el impulso innovador para reinventarlos haciendo más variantes y adaptarlos a los gustos modernos.

Un segmento de la investigación está dirigido a la creación de dulces ‘atentos a la salud’ que, aunque son dietéticos, mantienen intactos el valor nutricional, la genuinidad, el intenso sabor y la calidad de la tradición Panarello. Nacen así el “Biscotto della Salute” (Galleta de la Salud), los “Canestrelli” sin azúcar, los “Biscottini allo yogurt” (Galletitas de yogur) sin azúcar y los que son fuente de fibra, productos que en gramajes y envases específicos se destinarán después, junto con el “Biscotto del Lagaccio” (Galleta del Lagaccio) “sugar free”, al canal farmacéutico y a las tiendas especializadas con la marca denominada “Naturalmente buoni” (buenos de modo natural). Después de una larga fase de investigación y análisis, en 2013 se llevará a cabo una verdadera y auténtica innovación del sector de los productos de confitería: una línea de dulces sin gluten denominada “Granò”, estudiada específicamente para el consumidor celiaco. A la producción de estos dulces se ha dedicado completamente la planta de Sassello, primer proyecto lígure de conversión íntegra de un sitio productivo. Con los productos para el bienestar, la empresa amplía su propio radio de acción, entra en las farmacias y en las tiendas especializadas en productos naturales y light contando con una distribución capilar a nivel nacional.

En los últimos diez años, Panarello ha inaugurado nuevas tiendas con un nuevo formato, fruto de la reinterpretación de la marca que tuvo lugar en 2009. El nuevo formato conjuga Pastelería, Cafetería y, siempre que se puede, Heladería.Se han abierto nuevas tiendas, cuatro en Milán y una en la Riviera Lígure: en la capital lombarda, en 2003 y 2011 respectivamente, la Pastelería Cafetería de Piazza Santa Francesca Romana y el punto de venta de Via Tolstoj, en una zona donde la recalificación ha atraído a talleres de grandes marcas y espacios creativos; en 2012 se celebró la apertura de la segunda Pastelería Panarello en el Golfo del Tigullio, la séptima en Liguria, con la apertura de un punto de venta en Corso Italia, en el casco antiguo de Rapallo; en 2013 se inaugura la tienda milanesa de via della Moscova; por último, en 2016 se abre el sexto punto de venta de Milán, en via Belfiore 10, poco distante de Corso Vercelli.
A todo ello hay que añadir las reformas de estilo de algunos históricos puntos de venta: los de Via XX Settembre y Corso Carbonara en Génova y los de Piazza Santa Francesca Romana, Piazza San Nazaro in Brolo y Via Speronari en Milán.

Si, por un lado, Panarello ha ampliado la gama de productos, invertido en comunicación y aumentado los puntos de venta, confirmando que la alta calidad artesanal tiene su recompensa, por el otro, es consciente también de la disminución general del consumo. La voluntad de facilitar el consumo de los clientes fieles que ahora cuentan con un poder adquisitivo menor hace que la empresa ponga en práctica una idea original: el “dulce anticrisis”. En 2011, en el edificio de Via Carso se abrió el despacho de las “galletas imperfectas”, aquellas torcidas o que han salido de la elaboración con algún pequeño defecto por lo que no pueden envasarse para las Grandes Cadenas de Distribución sino que se venden en bolsitas blancas anónimas a un precio muy inferior al de la lista de precios. Se trata de volver a las costumbres de antaño y satisfacer así las necesidades de quienes desean ahorrar sin renunciar al sabor y a la autenticidad de los dulces de pastelería.

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